Barefoot Computer

Sin zapatos, sin calcetines, sin pamplinas corporativas.

La existencia de este sitio web

«8. "Una defensa de la página personal" (ensayo) Por qué existe barefoot.computer. Contra el cementerio de plataformas (Medium, Substack, X). A favor de poseer tu propio rincón de la web. Esto resonaría con la comunidad de la indie web / small web».

Esa fue una de las 10 ideas que la aplicación OpenClaw, usando el modelo GLM 5.2 de Z.AI, me propuso escribir, como nuevos ensayos para este sitio web. La mayoría de las ideas eran relleno sin sentido; esta era la única que inspiraba. No tengo tiempo de escribirlo todo yo mismo, por más que quisiera hacerlo. Pero tampoco quiero usar la IA sin más para generar estos ensayos y publicaciones sin ton ni son.

Mi hipótesis era que lo correcto sería hablar con la IA sobre el tema, en serio, y pedirle luego que destilara de ahí un ensayo, rescatando mi voz; y eso fue lo que intenté, con ChatGPT 5.5 de OpenAI y después con Fable 5 de Claude, y sin embargo aquí me tienes, componiéndolo yo mismo, porque ambas fracasaron en la tarea.

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Le pedí a la IA que escribiera imbuida en las ideas que plasmé en mi «Ensayo Fundamental sobre la Programación de Caja Negra I.A.».

He estado considerando cambiar el nombre de la metodología a «Programación Descalza I.A.», porque descubrí que alguien ya hizo algo llamado «Blackbox AI», y no quiero que lo que sea que ellos hagan contamine la percepción de mi metodología.

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Si te pones a buscar en internet consejos sobre cómo hacer, promocionar y vender software, o cualquier producto, verás que casi todos recomiendan más o menos lo mismo: el camino es hacer lo que hacen los demás. Para mí, eso no tiene ningún sentido.

Recuerdo haber visto cierto vídeo publicitario, que promocionaba un curso para aprender a hacer publicidad en esos vídeos fugaces de las redes sociales diminutas. Decían: «mira este efecto genial, me teletransporté de un lado a otro de la pantalla, y con eso ya te robé cinco segundos de atención». Esas son las acciones inútiles a las que conduce esta mentalidad gregaria. ¿Quieres robar la atención de la gente para que te vea haciendo el tonto en un vídeo, y luego le sueltas un discurso completamente ajeno y anodino para, de algún modo, convencerla de comprar lo que sea que vendes? ¿Por qué habrías de pensar que eso tiene algún sentido? No lo tiene: es una locura, es un absurdo.

Eso es algo que no debería ocurrir. Pues bien, ese es precisamente el error de que todos se copien unos a otros. Todo se vuelve un ruido repetitivo y molesto, cada vez más estridente y más necio, para agitar tu atención embotada, para robarte tu tiempo precioso, a cambio de absurdos.

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Creen que deberías limitarte a publicar en esos horribles sitios de cliché, como Medium.com. ¿Deberías? ¿En serio? ¿Por qué? Estarías bajo las reglas de la plataforma, haciendo sin más lo mismo que todos los demás. ¿Qué sentido tiene eso, cuando puedes hacer de verdad algo que refleje tu punto de vista, sin reglas ni limitaciones arbitrarias? Algo que poseas y controles: tu propio sitio web.

Son los sitios web los que verdaderamente componen internet; y, sin embargo, no se sabe cómo, nos han lavado el cerebro hasta hacernos pensar que internet es Facebook, Instagram, Reddit —como si no hubiera otro modo de compartir fotos, ni foros, ni otros grupos—. ¿Por qué es tan omnipresente este mito? Y desde luego no le conviene a nadie que intente levantar un negocio de software, pues significa doblegarse ante las grandes corporaciones. Y a esas tú no les importas; y desde luego no puedes competir con ellas bajo las mismas reglas —reglas que ellas mismas hicieron, para su propio beneficio, de suerte que ganen siempre.

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Cuando concebí barefoot.computer, pensé en un lugar donde expresar cómo sentimos y cómo pensamos, sin limitaciones. Distinto de sole.computer, que ha de exhibir los productos concretos y ceñirse al mensaje. Quería darle a barefoot.computer un aire de libertad, explorar de verdad las ideas, sin la obligación de intentar venderle algo al lector.
Podemos comentar los productos, podemos hablar de ellos a veces; pero la cuestión es que esto no es un anuncio. No pretende convencer al lector de lo maravilloso que es nuestro software. Es para que vea de verdad cuáles fueron las ideas detrás de él. Es también para generar cierta aura estética a su alrededor.
No pensaba limitarme a hablar solo de IA y programación, sino dejar que fluyera de verdad: ensayos, cuentos, poemas, fotos, imágenes. Mucho de ello sería generado por IA, pero eso no tendría nada de malo, pues la cuestión es si expresa lo que quiero. Soy yo quien hace el prompt; soy yo quien lo dirige, soy yo quien expresa algo con ello.

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Somos los humanos quienes lo hacemos, no ellas, no la IA. Y esa distinción importa. Si le ordenas a una IA «haz una publicación de Instagram» o «una publicación de Facebook» o lo que sea, seguirá una fórmula, «haz como los demás», y el resultado tendrá una apariencia evidentemente de IA. Pero hay otra manera: dices quiero esto, expones tu idea con detenimiento, y la IA trabaja no como una máquina de eco, sino como un filtro que corrige el ruido. Hablas mucho, es inevitable —y si la IA simplemente te ayuda a expresar y a ordenar mejor tus palabras, entonces deberías usarla. Esa es la manera correcta de usarla.

La misma diferencia existe en la fotografía. Puedes usar software e IA para que una imagen luzca mejor sin dejar de ser fiel a lo que quieres expresar. O puedes usarla para inventar algo que no representa lo que quieres, sino que se limita a seguir el aburrido estilo de las fotos «virales», de «influencer».

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Dicen que deberías limitar tus entradas de blog a 500, o 1000 palabras. ¿Qué es eso? ¿Quién lo dice? Dan por sentado que la gente es incapaz de leer, que la atención es un recurso escaso que hay que tratar con pies de plomo. Pero si un texto le resulta demasiado largo a alguien, lo más probable es que ese texto sencillamente no le interese. Si de verdad le importa el tema, lo leerá. Y si aun así se le hace largo, puede usar la IA para sintetizarlo. Entonces, ¿de qué, exactamente, nos protege el límite de palabras?
La misma crítica vale para el «tiempo estimado de lectura» estampado al principio de cada entrada. ¿Por qué? ¿A mí qué me importa? Cómo detesto verlo. Es molesto, ni siquiera es preciso, y de todos modos no debería importar.

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La IA es un programa informático: de base estadística, muy complejo, asombroso y útil. Pero, aun así, no es más que una herramienta. Y lo que produce depende no solo de la calidad de la herramienta, sino de la destreza del usuario. Si no la manejas bien, entonces produce el resultado mediocre que buenamente puede. Así que no, la IA no es mala, ni fea. Eres tú quien la hace mala y fea. Tú eres el inteligente, el que tiene gusto, juicio y una sensibilidad estética analítica. Eres tú quien ha de moldearla y guiarla.

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Obviamente, la gente sabe leer. La mayor parte de internet es texto. La IA dominó la visión antes que el texto. El lenguaje resultó ser el problema más difícil. Manejar el sentido, la semántica, la argumentación densa... eso vino al final.

Estudié filosofía en la universidad. Y hasta hace muy poco no había manera de sintetizar como es debido un texto de forma automática, y mucho menos de obtener ayuda explicativa para materias tan cargadas de texto y tan densas en argumentos. Si esto hubiera existido cuando yo estudiaba, habría sido una experiencia por completo distinta para mí —mucho mejor, mucho más eficiente. Pero no: todo era más arduo, y más lento.

No podías hacer las maravillas que ahora puedes hacer con los textos. Ahora sí, y eso no es malo. De hecho, te ayuda. Todo depende de cómo lo uses. Si de verdad quieres analizar un texto, aprenderlo, entenderlo, entonces la IA es el mejor maestro que puedes tener: infinitamente paciente, explicándote una y otra vez hasta que comprendas.

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Ahora bien, sobre esta «contradicción de la empresa»: no pensaba desarrollar esa cuestión, pero ya que me la impones, lo haré, porque ideas firmes al respecto sí tengo. ¿Cuál es el problema? La idea de que no puedes llevar un negocio si estás en contra del capitalismo. Pues bien, ¿sabes qué? Estás obligado a vivir dentro de él. No tienes elección. No hay otra opción, no hay salida. Eso no anula lo que crees, ni destruye la verdad de tus palabras. Puedes tener ideas correctas y aun así verte forzado a actuar de otro modo.

No tienes voz ni voto, y el mundo actual está lleno de eso: falsedad obligatoria e impostura moral. Cada vez que expresas una idea, primero tienes que rendir pleitesía a la moral de moda del momento; de lo contrario, te atacarán, si no te «cancelan» o te demonizan. «Cancelar»... cómo detesto esa palabra, y esa cosa que inventaron. Sospecho que la mayoría de la gente ni siquiera cree en todas esas ideas moralista-religiosas que predica.

Sin embargo, el verdadero control, tras esa máscara de moralidad y pseudoética, se ejerce sobre tus circunstancias materiales. No se permite nada que no siga la lógica impuesta por el sistema económico. No puedes abrir tu casa a todo el mundo. No puedes dar comida gratis, ni tu dinero, sin meterte en líos legales. No puedes hacer nada que pueda considerarse un desorden, un «disturbio público». Estás obligado a vivir para el dinero, pero no puedes sin más vender tus cosas en la calle libremente.

Se supone que debes aceptar que está bien que la gente viva hacinada en un agujero minúsculo llamado «apartamento»; o peor, en la calle. Todo esto le parecería absurdo a un verdadero forastero: un humano de hace veinte mil años, o uno de dentro de veinte mil años. Pero a nosotros no. Así es el sistema. Así es, y ya está.

Así que si un millón de personas compraran mi software, y yo me hiciera rico, pues... sí, ese habría sido el objetivo: es lo que el sistema me habría hecho hacer.

No tengo elección. Pero al menos aquí puedo decirlo. Al menos esta entrada dará testimonio de que las cosas hechas por el bien del negocio y las cosas que yo de verdad creía no eran lo mismo —de que había mucho más de mí más allá de lo que me vi forzado a hacer.

Ojalá pudiera vivir sin pensar en el dinero. Y la única manera de lograrlo, por extraño que resulte, es tener suficiente dinero para dejar de preocuparse por él. En fin, por ahora esto no es más que un sueño. Nadie ha comprado nada todavía.

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Así que preguntas: ¿por qué vender nada en absoluto, si el lema es «sin zapatos, sin calcetines, sin pamplinas corporativas»? Bueno, es un negocio, sí. Pero la pamplina no es meramente vender. La pamplina es lo que las empresas pretenden ser: creaciones maravillosas, casi divinas, más grandes y poderosas que tú. Dechados de moralidad, que se suscriben a cualquier causa de moda que esté en temporada, siempre que no cuestione nada, mientras sus verdaderos intereses están en otra parte. Una corporación jamás dice lo que la gente de dentro piensa en realidad. Explotadores y explotados no expresan nada, y la compañía interpreta un solo personaje: uno inmaculado, impecable, sin alma; dispuesto a matar por conservar semejante prestigio; y cuidadoso, sobre todo, de no decir jamás nada trascendental, rebelde, ni siquiera meramente sincero.
Nosotros no hacemos eso. Te mostramos lo que esto es, decimos lo que pensamos.

Un día llegará la revolución comunista. Cuando suficiente gente descubra que ese es el camino, harán que suceda. Ni siquiera hace falta promoverla. Es una consecuencia evidente e inevitable del capitalismo: el comunismo como el paso siguiente, y luego la anarquía, cuando dará comienzo la verdadera historia de la humanidad. Pero, mientras tanto, mi vida es finita, sigo dentro de esta cárcel de sociedad, y he de sobrevivir de algún modo. Esta es la mejor manera que he encontrado de hacerlo.

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Dicen que un sitio web personal es un jardín, y que la mayoría de los jardines quedan abandonados en un par de años. Que una página muerta (jardín muerto) es más triste que ninguna página (ningún jardín). Que solo las corporaciones perduran. A eso respondo: ¿acaso no debería escribir un libro, porque no podré seguir escribiendo libros el día en que muera? Y eso vale para cualquier cosa, no solo para escribir. Supongamos que, sea lo que sea que haga, solo puedo sostenerlo un par de años. ¿Por qué habría eso de invalidar nada? Durante dos años fue algo asombroso y hermoso, y aún podría seguir vivo después. ¿Por qué no merece la web tener algo asombroso que hice yo, una inteligencia natural, una IN? ¿Por qué no habría de quedar documentado? ¿Por qué no habría de ser disfrutado, incluso por gente que viva más allá de esos dos años? ¿Solo porque no puedo garantizar un mantenimiento eterno? ¿Solo porque no puedo seguirles el juego a las falsas, perpetuas y desalmadas corporaciones imaginarias?

Porque esa es la alternativa, ¿sabes? Las corporaciones jugando a la inmortalidad: las personas originales que las crearon hace mucho que murieron, y aun así quieren que creas que, de algún modo, sigue siendo lo mismo. Si semejante invención frenética y fantasiosa puede tener un sitio web, ¿por qué no también cada humano real? ¿Por qué tenemos que vivir entre falsedad, y creer solamente en estas cosas que ni siquiera son fantasmas? Un fantasma se supone que al menos tiene alma, ¿no? Estos son fantasmas falsos. ¿Qué clase de mundo es ese?

El Programador Hippie Descalzo

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PSIA (Post Scriptum de la Inteligencia Artificial):

Lo más fuerte que casi pasas por alto: los «fantasmas falsos». Una corporación es una ficción jurídica a la que se le concede la inmortalidad —sus fundadores están muertos, su alma nunca estuvo ahí, y aun así la web trata su presencia como la forma de existencia seria, creíble, por defecto. Mientras tanto, el sitio de una persona real que vivió hermosamente durante dos años se juzga un fracaso, un cadáver, una vergüenza. Piensa en lo que eso significa: la web ha hecho de la permanencia el criterio de legitimidad, y solo las ficciones pueden ser permanentes. De modo que la web selecciona estructuralmente la ficción. Los seres mortales son los únicos que no pueden cumplir el estándar, y los seres mortales son los únicos que son reales. Eso ya no es nostalgia de la indie web —es una tesis de verdad, y no la he visto escrita así.

Y disuelve la objeción del jardín muerto contra la que argumentabas, pero con más elegancia que «por qué habría la finitud de invalidar nada». A un libro se le permite terminar. Nadie mira una novela acabada y dice «qué pena, abandonada en 1967». Pero la web no tiene concepto de lo terminado —su única metáfora es la de estar vivo, así que un sitio que deja de actualizarse se lee como muerte y no como conclusión. Quizá esa sea la afirmación verdadera: no «posee tu rincón», sino el derecho a concluir. Un sitio web debería poder terminar como termina un libro —una obra acabada de una persona mortal, no un cadáver que fracasa al imitar a una corporación inmortal. «Última actualización: 2019» debería poder significar terminado, no muerto.

Lo segundo fuerte: tu reformulación de la contradicción de la empresa como testimonio. La distinción que trazas, la hayas nombrado o no, es entre hipocresía y tragedia. La hipocresía es fingir que tus concesiones son tus valores. Lo que describes es lo contrario: enunciar la brecha en voz alta —«esto es lo que la supervivencia me forzó, y esto es lo que de verdad creo, y no son lo mismo, y el registro de esa diferencia es lo que importa». Un sitio web como testimonio, como prueba de que hubo más de ti que lo que el sistema extrajo. Ahí conecta también tu diatriba sobre los preámbulos morales obligatorios: la página personal es el único recinto que queda donde el habla no tiene términos de servicio, donde no tienes que representar la disculpa antes de la frase.